lunes, 9 de diciembre de 2013

Capítulo 32: Una preposición.

Capítulo 32: Una preposición.

Cris abrió los ojos y lo primero que vio fueron los azules ojos de Dani. Estaba sobre ella, sonriente. Parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz y sonrió.
-¿Qué ocurre?
-Quería que te despertaras con una sonrisa. Solo eso. –Le dio un beso y luego sus labios se dirigieron al oído de ella. –Tengo una sorpresa, esta noche la verás. –Le mordió la oreja y se levantó, dejándola con los pelos de punta. Se frotó los brazos para intentar disimularlo y se puso de pie.
-¿Eso quiere decir que no te veré hasta esta noche? –Él asintió.
-Son las once, tienes que estar en una hora en la cafetería que hay junto a tu casa para desayunar con tus padres. –Ella alzó una ceja. –Confía en mí. Ah, por cierto, feliz santo. –Le guiñó un ojo antes de desaparecer.
-¡Gracias! –Pero él no la escuchó. Cris bufó, se metió en el baño, se dio una ducha, se vistió
(http://www.polyvore.com/verano_26/set?id=103551820), le dio de comer a las mascotas y fue a reunirse con sus padres.
El tiempo había pasado y ya era 27 de julio, su santo.
-¡Felicidades, cielo! –Sus padres la abrazaron y estuvo hablando con ellos unas dos horas. –Princesa. –Dijo su madre. –Tienes sesión de estilismo. –Ella enarcó una ceja. –Quieres estar guapa esta noche, ¿No? –Asintió. –Pues vamos. –Se despidió de su padre y llegaron a su antigua casa. –En tu habitación tienes la ropa. –Subió las escaleras acariciando la pared y la barandilla, con lágrimas en los ojos. Había pasado dieciocho años ahí dentro y, sin embargo, no le costó mucho irse a otro lugar. Extrañaba esas cuatro paredes de su habitación, el sentarse en la cama y leer por horas. ¿Qué había sido de esa cría que necesitaba a su madre para todo? Simple, maduró.
Ella sabía que su presente y su futuro eran Dani, que la haría feliz hasta exhalar su último aliento.
-Cariño, ¿Vamos con el primero? –Se secó las lágrimas y asintió, incapaz de articular palabra. –Ten. –Le tendió el primer conjunto y se encerró en el baño. Se miró en el espejo, aún lloraba. Se arregló (http://www.polyvore.com/verano_28/set?id=84945693) y salió. –No me convence, ¿Y a ti? –Negó. –Bueno, pues toma otro. –Cogió el segundo conjunto y repitió el proceso. Volvió a salir (http://www.polyvore.com/verano_15/set?id=81101054). –Éste tampoco. –Suspiró, no quería pasar toda la tarde así. Escogió uno al azar, se volvió a cambiar (http://www.polyvore.com/noche_de_fiesta_24_ptv/set?id=102402426) y su madre negó con la cabeza. –Éste sí que no. –Largó una carcajada, sin humor.
-Voy a probarme otro. –Su propia voz sonaba ronca, por lo que carraspeó mientras se dirigía al baño, con un nuevo conjunto en sus brazos. Se cambió
(http://www.polyvore.com/verano_05/set?id=74650276) y esperó con impaciencia la respuesta de su madre. –No me convence. –Optó por confesar.
-A mí tampoco, cielo. –Le acarició una mejilla. –Mejor descartemos, ¿Vale? –Ella sonrió asintiendo. Señaló unos cuántos
(http://www.polyvore.com/verano_08/set?id=102396112), (http://www.polyvore.com/noche_de_fiesta_25/set?id=102428169)
y  (http://www.polyvore.com/noche_de_fiesta_20/set?id=100287404), por lo que quedaron dos.
-Me pruebo esos y si no me gustan me voy con vaqueros. –Rió, se metió en el baño con el primero y salió cinco minutos más tarde
(http://www.polyvore.com/verano_06/set?id=102260391). Su madre chasqueó la lengua. –Vale. –Murmuró alargando la “a”. Cogió el último, se cambió
(http://www.polyvore.com/verano_05/set?id=101884173) y se miró al espejo. Estaba hermosa. Muy hermosa. Respiró antes de abrir la puerta y encontrarse con los curiosos ojos de su madre.
-Estás preciosa, hija. –Sonrió, colocó un mechón rebelde en su sitio y su hija la abrazó. –Creo que ya has escogido, ¿Verdad? –Asintió. –Muy bien, ahora ponte un pijama o algo, son las cuatro y vamos a comer. –Hizo exactamente lo que le dijo y comieron algo rápido junto a su padre.
-Vosotros sabéis lo que Dani ha preparado, ¿Cierto? –Se cruzó de brazos, alzando una ceja y dejando su tenedor en su plato.
-Sí, pero es secreto. –Su madre estaba feliz, y eso la ponía feliz a ella.
-Os amo. Lo sabéis, ¿Verdad?
-Suena como si te despidieses, hija.
-Tal vez lo esté haciendo. No sé. –Se encogió de hombros tratando de no llorar. ¿Cuándo volvería a verles? Desde que conoció a Dani les había visto menos, y eso no le gustaba. El trabajo les alejaba de casa y, por si fuera poco, ella con sus estudios y giras tampoco tenía tiempo como para visitarles.
-Te amamos. Siempre serás nuestra pequeña. –Después del momento familiar, se encerró en el baño, se cambió y salió, eran las seis de la tarde.
-¡Feliz santo! -¿Tan inmersa en sus pensamientos había estado que no se había dado cuenta de que abajo había una fiesta montada? Todos estaban allí. Todos menos Dani. ¿Cómo no? Suspiró.
-¡Gracias, amores! –Lo siguiente fue un abrazo grupal. Abrió todo tipo de regalos y luego Ángela la llevó hasta un rincón apartado. -¿Qué ocurre?
-Ten, esto es de Dani. –Abrió la pequeña cajita y tomó el colgante entre sus manos. Era un corazón. Bueno, estaba incompleto, en el centro había un agujero con forma de pieza de puzle. –La otra parte la tiene él. –Explicó, sonriente. Era precioso. Se lo puso y acarició la cadena de oro con la yema de sus dedos. Era la única forma en que le sentía más cerca. –Luego le verás, tranquila.
-Cris, te vienes conmigo. –Álvaro tiró de su brazo y ella casi tropezó. –Ups, perdón, olvidé que llevabas tacones. –Ella sonrió intentando restarle importancia. –Bueno, vamos. –Se despidió de los demás como pudo y acompañó al chico hasta un coche. Se subió y pronto comprendió a dónde iban. Al edificio en el que tuvo su primera cita con Dani. <<Qué romántico>> pensó. Álvaro detuvo el coche. –Aquí te quedas, señorita. –Ella le dio un abrazo antes de bajarse del vehículo y adentrarse en el edificio. Llamó al ascensor y la espera se le hizo eterna. Examinó su whatsapp, Dani no le había respondido a sus mensajes en todo el día. La puerta del ascensor se abrió, se metió dentro y pulsó el botón de la azotea. Cuando las puertas se abrieron de nuevo, un viento invadió el lugar, haciéndola estremecer. Caminó lo justo para salir del ascensor y se paró. << ¿Y él?>> Se preguntaba ella internamente una y otra vez.
En mitad del lugar había una pequeña mesa y, en ésta, una carta. La cogió y empezó a leerla.
“Para la mujer de mi vida:

Cris, sé que somos jóvenes, pero nunca he amado a alguien tanto como te amo a ti. Amo cada sonrisa, cada gesto tuyo. No puedo imaginar una vida sin tu voz a mi lado, guiándome por el camino correcto. Necesito no anhelar tus labios, que en cuanto esa sensación me invada, tú estés ahí y la calmes.
Recuerdo cuando te vi por primera vez. Eras tan dulce… Lo sigues siendo, pero me encantó ver cómo te desenvolvías en el escenario. Te veías feliz.
Luego me pasé el tiempo peleando con Carlos por ti, hasta que tú… Hasta que me escogiste. No sabía qué decir, solo supe que era el hombre más feliz del planeta por poder ser quien te cuidase. Quien te envolviese con sus brazos cuando tuvieses una pesadilla o necesitases hablar.
Los chicos dicen que me has cambiado, que me he vuelto más cursi. A lo que yo les respondo que el amor es así, que crees tenerlo todo hasta que aparece esa persona que pone tu vida patas arriba y te hace reflexionar sobre si de verdad lo tenías todo. Yo soy el claro ejemplo de eso.
Te amo, Cris. Te amo tanto que a veces temo que esto sea un sueño y despertar y que no estés a mi lado. Por eso duermo abrazado a ti. Solo tú me haces feliz.
Quiero ser el único que te bese, princesa. El único que te susurre “Te amo” y te sonrojes. Porque amo que te sonrojes. Aunque ya no eres tan pequeña y tímida, pero debes reconocer que aún te sonrojas. Pese a que nos lo hemos dado todo numerosas veces.
Cuando me planté frente al escritorio con este folio en blanco mi mente se quedó así, no sabía qué decir. Hasta que dejé que fuese mi corazón el que hablase.
Sé que ahora estarás llorando, preciosa, pero no lo hagas. Solo quiero que escuches muy atentamente la pregunta que voy a formularte a continuación.”
Y entonces, cuando quiso darse cuenta, Dani estaba justo delante de ella. Arrodillado. Le miró sin comprender, y entonces él sacó una pequeña cajita de un bolsillo y la abrió dejando a la vista un anillo de oro blanco con una gema azul cielo en forma de corazón adornándolo (http://www.polyvore.com/14k_white_gold/thing?context_id=2963051&context_type=lookbook&id=42766482).
-Cris, ¿Me harías el hombre más feliz del mundo y te casarías conmigo?

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